Auschwitz

A principios de este año se cumplían 70 años de la liberación del campo de Auschwitz por parte de las tropas soviéticas. En un principio el campo fue concebido para encarcelar a miembros de las resistencias, intelectuales polacos, presos comunes alemanes, prisioneros de guerra soviéticos, personas “antisociales” y homosexuales.

La entrada al campo tiene las palabras Arbeit macht frei, «el trabajo hace libre». Todo el complejo estaba destinado como un campo para un trabajo en durísimas condiciones así como el exterminio.

El día que tenía previsto visitar el campo tuve un accidente con la correa de mi cámara dañándome parte de la córnea y tuve que postergar la visita para unos días después con un ojo cubierto y el otro con una ligera fotofobia. Aun así pude hacer fotografías.

Es imponente ver las vías del tren con la entrada al campo, los barracones, el museo. Nada pasa desapercibido, todo tiene un pedazo de historia. A pesar del silencio que habita en el lugar es imposible sentir un ruido atronador que recorre toda tu alma ante los crímenes que se cometieron hace más de 70 años.

Pude asistir al homenaje que se hizo en la celda de uno de los mártires de Auschwitz, un sacerdote católico polaco, Maximiliano Kolbe, que ocupó voluntariamente el lugar de Franciszek Gajowniczek que iba a ser justiciado junto con otros nueve prisioneros en represalia por la fuga de un recluso.