Marta e Ignacio

Marta es una de esas novias que no te deja indiferente. Una de las cosas que más me observo antes de hacer una fotografía es como la gente se expresa con la mirada, esto me ayuda bastante antes de disparar. Marta transmite en su mirada una quietud acompañada de pensamientos, como si estuviera anticipando el siguiente movimiento. Su madre al igual que ella me transmitió la misma sensación.

La prueba del vestido se hizo en el taller de Teresa Palazuelo. Es una buena forma de entrar en contacto con el fotógrafo de tu boda aunque Marta e Ignacio ya conocían mi forma de trabajar.

Ya el día de la boda el maquillaje y peinado corrió a cargo de Mayte Lucas que como siempre hace un trabajo impecable (sabe quitar brillos de verdad). Uno de los momentos preferidos míos es entrar en la casa y que todos conserven la calma. Por supuesto que hay nervios, pero las cosas al final siguen su curso y todo sale bien. Me quedo en el momento que en la familia está practicando el vals en el salón de su casa. Es una de mis fotografías favoritas.

La ceremonia religiosa fue en la Iglesia de San Manuel y San Benito que por desgracia al contar con exclusiva no pude realizar las fotos, solamente la entrada. Señor que país.

La celebración se hizo en la finca El Campillo en el que acompañados por pequeños momentos de lluvia el tiempo se portó bien con nosotros. Una foto complicada fue el momento que proyectaron un video donde el salón se quedó prácticamente a oscuras. Estaba a como a unos dos metros de Marta e Ignacio pero el flash se disparaba como a unos 20 metros de distancia sobre mi espalda. El resultado es una foto iluminada sin molestos destellos para los novios.

La mayoría de los bailes que siguen al almuerzo o cena suelen ser bastante divertidos y este lo fue. Interactuaron muchísimo, caretas con caras de los novios, muchos grupos posando desenfadadamente delante de la cámara y mucho baile. Cuando me encuentro con ambientes tan alegres el tiempo se me pasa volando y mi cámara echando humo.